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Angélica Rivera y Peña Nieto, el final solitario de la telecomedia

POR JENARO VILLAMIL , 7 AGOSTO, 2018

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El pasado 2 de agosto, Enrique Peña Nieto utilizó sus redes sociales para enviarle una felicitación a su esposa Angélica Rivera por sus 49 años. En sus cuentas de Facebook e Instagram, el presidente en el ocaso escribió:

“Muchas felicidades en su cumpleaños, a quien me ha regalado ya 10 años de estar juntos y de compartir muchas vivencias que han dejado huella. Angélica, te deseo todo lo mejor en la vida, salud y muchas alegrías. Gracias por tu entrega y dedicación a nuestra familia. ¡Que Dios te bendiga!”.

La pareja presidencial/Foto: Benjamin Flores


Más que un mensaje de felicitación el texto sugería una despedida. Para nadie en el entorno íntimo de Peña Nieto y de Angélica Rivera es un secreto que los dos personajes se han distanciado física, política y emocionalmente. El convenio entre ambos se rompió prácticamente desde que llegaron a Los Pinos. El escándalo de La Casa Blanca fracturó para siempre una sociedad conyugal tele-dirigida que tuvo su peor momento cuando la exprotagonista de telenovelas salió a defenderse de una propiedad inmobiliaria que era del presidente de la República y no de ella.

La disputa entre ambos fue escalando en el entorno íntimo de Los Pinos. En el camino quedaron algunos náufragos como el exjefe de Comunicación Social de la Presidencia de la República, David López, quien nunca tuvo una buena relación con la primera dama y a quien le costó el cargo el escándalo mayúsculo de la propiedad inmobiliaria de la pareja presidencial. Otros personajes de la mala telenovela presidencial salieron mal parados al intentar enmendar el guión del “romance perpetuo”.

Durante casi cuatro años la relación entre Peña Nieto y Rivera ha sido todo lo contrario a una telenovela rosa: desencuentros políticos, diferencias entre los hijos, un nuevo escándalo sobre el departamento de Miami de La Gaviota, tensión protocolaria, sonrisas congeladas, la eterna pose de “enamoramiento” que ya nadie se la compra.

La historia no tiene un final feliz para ella ni para él. Derrotados como “producto mercadológico”, Peña Nieto le manda felicitaciones a su esposa desde su refugio vacacional en Punta Mita, después de la aplastante derrota de su partido y de su candidato presidencial el 1 de julio, y ella realiza su enésimo viaje a Europa, acompañadamente solamente por sus hijas y un nada discreto personal de seguridad que protagonizó un episodio bochornoso el pasado 6 de agosto.

Angélica Rivera fue captada por turistas mexicanos en la avenida Montaigne, una de las zonas más exclusivas de París, a dos cuadras de la avenida Campos Elíseos, y se generó una intensa polémica en redes sociales por la forma en que guaruras de la primera dama evitaron que el periodista y productor independiente Francisco Cobos grabara imágenes y se acercara a ella.

En su cuenta de Twitter y de Youtube, Paco Cobos compartió la foto de Angélica Rivera y relató lo que le sucedió:

“Caminando por una de las zonas más exclusivas de París, a dos cuadras de la avenida Campos Elíseos, encontramos a la primera dama de México, Angélica Rivera, comiendo en una terraza junto con sus hijas. Alcancé a tomar estas fotos, lo que ocurrió después se los cuento luego”.

“En el forcejeo lograron borrar algunas imágenes y amenazaron con llevarme detenido”, afirmó Cobos al relatar cómo los guaruras de Angélica Rivera evitaron que se acercara a la actriz. En otras palabras, estaba denunciando un acto de censura.

La anécdota no podía ser más contrastante con los signos y símbolos de la próxima pareja que habitará Palacio Nacional: mientras López Obrador aplica la cercanía con los ciudadanos, viaja sin aparato de seguridad, anuncia drásticas medidas de austeridad y su esposa Beatriz Gutiérrez decide renunciar a cualquier protagonismo tele-producido, Peña Nieto y Rivera insisten en demostrar su frivolidad, su falta de empatía con los ciudadanos y su empeño en simular una vida gozosa a costa del erario.

La soledad y el menosprecio social suelen ser acompañantes de los excesos. El viaje de Angélica Rivera no forma parte de la agenda de su esposo que apenas cuatro días antes la felicitaba en redes sociales, para demostrar lo mucho que le agradece una década de contrato matrimonial. Al revelarse las imágenes de su estancia en París, las reacciones de muchos usuarios de redes sociales volvieron a demostrar que la caída del tele-presidente viene acompañada del fin de una telecomedia que le costó mucho a la credibilidad, a la gobernabilidad y a la sinceridad de un gobierno.

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