¡Nos empujan a la lucha, hay que prepararla... Fuera los traidores de la Patria... No al gasolinazo!

La pobreza mata, la indolencia también

POR JESUSA CERVANTES , 3 OCTUBRE, 2016

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- Paula María murió a los 10 años… por hambre. Pesaba 10 kilos, tenía 10 años y parecía una niña de año y medio debido a sus altos niveles de desnutrición; su pequeño ser no aguantó más años de marginación.

Días después una historia aún más estremecedora: Sol se suicidó, llevándose con ella a sus dos hijos, Alberto, de 14 años de edad, y Oscar, de siete. Ella tenía 35 años y nada para darles de comer; la pobreza la agobiaba.

La realidad estruja el corazón.

También indigna conocer esta otra parte de la realidad mexicana:

El padre de Paula María gana 73 pesos diarios, al mes 2 mil 190, es ayudante de albañil y vive en la extrema pobreza mientras que el encargado de aplicar programas para abatirla, se lleva 196 mil por mes.

A partir del 1 de enero “y para ajustar los salarios con la inflación”, el gobierno concederá un incremento poco mayor al 4%, así que Luis Miranda, titular de Sedesol y responsable de bajar los altos niveles de pobreza, se embolsará 199 mil pesos en tanto que el padre de Paula logrará llegar a los 78 pesos por día, es decir, 2 mil 340 pesos por mes.

“La vida es insoportable cuando la pobreza es tan fuerte que asfixia”, escribió el reportero Oscar Balderas del portal informativo Vice México y quien dio a conocer la noticia del suicidio de Sol y asesinato de sus hijos en un amplio y extraordinario reportaje.

En Noruega, Dinamarca u otro lugar, esta noticia ya sería motivo de discusión política. Aquí, en cambio, la indolencia de la clase política no para, comentó alguien que leía indignado ambas tragedias.


Pobreza Extrema/Foto: Miguel Dimayuga


Y mientras unos no tienen para dar de comer a sus hijos y otros prefieren abrir la llave del gas para evitarles más sufrimiento por hambre, en México se suceden las irracionales sumas que cobran mes a mes –o se roban cada vez que pueden–, los encargados de impartir justicia, de aplicar las leyes, de abatir la pobreza, de “gobernar” el país, por ejemplo:

Un ministro gana 358 mil pesos más una cantidad similar por aguinaldo; el Presidente Enrique Peña Nieto 280 mil; un consejero electoral, otros 350 mil; un miembro del Ifetel, 270 mil; un diputado federal, quien la mayoría de las veces no sabe ni lo que aprueba, 162 mil pesos.

Y el colmo, un director de la Comisión Federal de Electricidad, 196 mil pesos al mes, pero si tan solo trabaja un año cinco meses se puede llevar una liquidación de un millón 200 mil pesos, como fue el caso del ex director y hoy dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza.

Estas dos historias de muerte y pobreza que están empezando a surgir, conmocionan e indignan mientras que la otra, la de los altos sueldos de la clase política o las revelaciones de las insolentes vestimentas que presumen frívolas primeras damas, como Angélica Rivera, con sus vestidos de diseñador de 120 mil pesos; o las súbitas fortunas que alcanzan para financiarse inmuebles como la Casa Blanca de siete millones de dólares de Peña Nieto y La Gaviota; o las cuentas de banco de ocho millones de dólares que Estados Unidos abrió del ex gobernador panista de Sonora, Guillermo Padrés; o la casa en el exclusivo club de Woodlands en Houston del aún gobernador priista Javier Duarte… y la lista es interminable. Son parte de nuestra realidad.

Pero lo más trágico de todo parece ser el alto grado de tolerancia que tiene la ciudadanía, quien así como a partir de 2008 pasó de la conmoción al saber de la aparición de 24 cuerpos de albañiles ejecutados en La Marquesa, a la normalidad de saber diariamente sobre levantados, ejecutados, torturados, descabezados o enfrentamientos militares.

Esperemos que la escena narrada por Oscar Balderas, donde aparece “el cuerpo de Sol tendido en el piso a los pies de las dos camas que había en la recámara. En una estaba Alberto, tan hinchado que su cuerpo parecía el de un adulto; en la otra, Óscar, acostado de lado, acompañado por un alebrije de peluche” –muertos por los efectos del gas y la pobreza–, no se acepten ni se toleren más por todos nosotros… De lo contrario, el abuso, asesinato y desvergüenza de quienes están en el poder seguirá.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

¿A donde quedo el programa para erradicar el hambre que implemento nuestro flamante presidente de la república? ¿A donde está la Chayo? Señora experredista que cuando estuvo de jefa de gobierno se llevo por lo que se supo 400 MDD y otros desmanes con su amor eterno Ahumada... pura demagogia.

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