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Scherer y Leñero: Diálogos en el tiempo

4 DE ENERO DE 2016 


MÉXICO, DF (proceso).- Los diálogos entre Julio Scherer García y Vicente Leñero eran frecuentes, prolongados e intensos. Lo eran en público, delante de nosotros, sus compañeros de trabajo. Lo habrán sido aún más, no hay duda, cuando ellos, sólo ellos, eran protagonistas y testigos.
Sus pláticas eran fieles a su respectivo ser: directos, claros, crudos y, en ocasiones, rudos para verse entre sí. Reflejaban la amorosa amistad que los unía y las diferencias que los enlazaban aún más.
El espíritu de esas conversaciones, de la forma como se observaban el uno al otro, inspiró textos que cada uno por su lado dejó como testimonios de su relación. Para abrir este reporte especial, que dedicamos a don Julio en el primer aniversario de su muerte, ofrecemos a continuación una compilación de textos –escritos bajo circunstancias y en tiempos muy diversos– donde Julio Scherer García habla de Vicente Leñero y viceversa y, hablando del otro, ambos hablan de manera prístina de sí mismos.
Leñero y Scherer en 2007. 
Foto: Benjamin Flores

El fundador de Proceso afirmaba ser agnóstico y no saber si existen el Cielo y el Infierno; su compañero, creyente convencido, mantuvo su fe en Dios. Los dejamos en un diálogo virtual en terreno neutro, podríamos decir, en el tiempo. (Rafael Rodríguez Castañeda)
Vicente Leñero
De cómo conocí a Scherer
Miguel Ángel Granados fue a verme a la revista Claudia donde trabajaba yo desde 1965. El motivo de su visita era preguntarme si me gustaría ingresar en Excélsior como director de Revista de Revistas. El semanario tenía un largo historial en el periodismo mexicano, pero en los últimos tiempos se hallaba muy descuidado. Había el plan de renovarlo radicalmente. Si la propuesta me interesaba, debería hablar con Julio Scherer.
–En principio me interesa.
–Piénsalo bien antes –me advirtió Miguel Ángel–. Si hablas una vez con el director, ya no podrás decir no.
–Todo depende.
–No podrás decirle no –insistió Miguel Ángel.
Era cierto. Aunque yo necesitaba poco para aceptar, la cordialidad sofocante de Julio Scherer me acorraló desde un principio. Empezó convenciéndome de que Excélsior era el sitio ideal para mí, y cuando traté de averiguar en qué tipo de semanario quería convertir a Revista de Revistas respondió dándome absoluta libertad para decidir: lo que tú quieras, cómo tú quieras, lo importante es que te vengas con nosotros, ya, mañana mismo.
–¿El sueldo?
–Ah, de eso yo no sé nada, ni me digas…
(Publicado en el libro Los periodistas.)
Julio Scherer
De la amistad profunda
Años después del 8 de julio de 1976, con Los periodistas en las librerías, Vicente Leñero me contó de su ánimo en la asamblea (la asamblea de la cooperativa de Excélsior en la que Scherer fue virtualmente expulsado de la dirección). Pensaba que me había adelantado a los acontecimientos al ponerme de pie y anunciar el camino a la calle. Me dijo:
–Creo que te precipitaste. Tu nombre ya se coreaba en la asamblea. Debiste aguardar unos minutos.
Los sucesos que seguirían al golpe modificarían el punto de vista de Vicente. No podía olvidar su juicio:
–Frente a cualquier crítica adversa, sostendría que te habías mantenido en la línea correcta.
Vicente me llevó a la zona profunda de la amistad. Su crítica adversa, en momentos cruciales, habría terminado con lo poco que restaba de mí.
Permanecimos juntos un primer año, luego un segundo y en una larga etapa, veinte años. Vicente me decía que deseaba volver a su vocación en el teatro, los libros, la cultura, los talleres que impartía, su condición de profesor. Me obsequiaba parte de su tiempo esencial.
(Publicado en el libro Vivir.)
Fragmento del texto que se publica en la edición 2044 de la revista Proceso, ya en circulación.

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