¡Nos empujan a la lucha, hay que prepararla... Fuera los traidores de la Patria... No al gasolinazo!

El periodismo frente al poder


11 DE ENERO DE 2015
De Gustavo Díaz Ordaz a Enrique Peña Nieto, ningún presidente le fue ajeno a Julio Scherer García. Fueron ocho los mandatarios que pasó a cuchillo. Habló con ellos, los confrontó con su afilada voz primero, con su penetrante mirada después, y finalmente con su pluma. En 1986, editorial Grijalbo publicó su libro Los presidentes, en el que retrató a cuatro de ellos, y ahora prepara una nueva edición, en la cual participó el propio autor, en la que incluye a los otros cuatro. He aquí una selección de esos textos, en los que Scherer García desnuda a los titulares del máximo poder en México.
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Dos esferas minúsculas por ojos, las pestañas ralas, a la intemperie los dientes grandes y desiguales, la piel amarilla, salpicada de lunares cafés, gruesos los labios y ancha la base de la nariz, así era don Gustavo Díaz Ordaz. Algunas veces bromeaba acerca de su fealdad, pero si alguien le seguía el juego, estallaba su ira. Irritable, se vigilaba; desconfiado, se mantenía al acecho. Agobiado los últimos años de su vida, después de la tragedia de 1968 resguardó su intimidad. La fortificó tanto que hizo de ella una cárcel. Allí murió.
Gustavo Díaz Ordaz

Un día me dijo que era como una espina y sudaba hasta empapar la camisa.
–No le creo –le dije.
–Sudo como un gordo.
–¿Usted?
–Me consumo.
Otro día me confió de su paso por la Secretaría de Gobernación, un pasatiempo en comparación con su responsabilidad de esos días: presidente de México.
–En términos humanos, no políticos ni históricos, ¿cuál es la diferencia? –le pregunté.
–Las cuerdas.
–No le entiendo, señor presidente.
–El secretario de Gobernación boxea en un ring protegido por cuerdas. El presidente de la República pelea en un ring sin cuerdas. Si cae, cae al vacío.
Me miró a los ojos:
–No puede caer.
–¿Y si lo tocan?
–No puede caer, le digo.
(…)
Fui elegido director general de Excélsior el 31 de agosto de 1968. El país se endurecía, también el diario. Permanecí al lado de mi antecesor, don Manuel Becerra Acosta, hasta el día de su muerte. Fui su auxiliar. Afirmó en mí el orgullo por la profesión. Hizo del periodismo una convicción y una pasión.
El mismo día de la designación me llamó el presidente Díaz Ordaz por teléfono…
Fraqmento de retratos presidenciales que se publica en la edición 1993 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

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