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Peña y su reciclado de promesas viejas… y autoritarias

30 DE NOVIEMBRE DE 2014

El mensaje presidencial del jueves 27, presentado como un plan para obtener paz y justicia en el país, fue descalificado y objeto de burlas por ser una colección de incumplidas promesas de campaña y viejas ideas desechadas por imprácticas. Pero su decálogo no es tan inocuo. En realidad encierra temas relativos a la gobernabilidad y a la seguridad que deberían preocupar. Un ejemplo es la desaparición de poderes en los municipios, iniciativa retomada por Peña Nieto para tener la facultad de suspender garantías y asumir el control de regiones con “perturbaciones graves de la paz pública”; es decir, podría establecer el estado de excepción en un ayuntamiento o un estado… o en varios.
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Para cerrar su segundo año de gobierno, el presidente Enrique Peña Nieto renovó –con un plan de diez puntos para mejorar “la paz, la justicia y el desarrollo”– una serie de promesas de campaña incumplidas, comprometió acciones supuestamente ya implementadas y sobre todo anunció un extenso paquete de reformas que, cuando no son redundantes en la legislación existente, concentran más poder en su persona.
El titular del Ejecutivo, Enrique Peña Nieto. 
Foto: Miguel Dimayuga

En torno al plan, el mandatario recurrió a una añeja fórmula de la retórica priista: la unidad nacional.
En medio de la crisis detonada por la muerte de seis personas y la desaparición de 43 estudiantes en Iguala, Guerrero, el pasado 26 de septiembre así como por la investigación en torno a la casa de su esposa, inmueble relacionado con el contratista gubernamental Juan Armando Hinojosa Cantú, durante una semana creció la expectativa sobre el mensaje que daría Peña Nieto el jueves 27 en Palacio Nacional.
Al acto asistieron los representantes de los poderes Legislativo y Judicial, presidentes de los organismos autónomos, el gabinete legal y ampliado, la mayoría de los gobernadores, dirigentes partidistas, dirigentes empresariales y quienes han asumido la representación de la sociedad civil.
A diferencia de otras reuniones similares –a las cuales ha convocado en sus dos años de gobierno para anunciar reformas, programas y obras– esta vez no hubo ambiente festivo. Los convocados apenas interrumpieron una vez el discurso para ofrecerle un tibio aplauso.
En su mensaje Peña Nieto dio su explicación de lo ocurrido en Iguala el 26 y 27 de septiembre pasados, atribuyendo toda responsabilidad al orden municipal, por lo que llamó una combinación de condiciones inaceptables de debilidad institucional: “Un grupo criminal que controlaba el territorio de varios municipios, autoridades municipales que eran parte de la propia estructura de la organización delictiva, policías municipales que en realidad eran criminales a las órdenes de delincuentes”.
Ese preámbulo explicó la versión presidencial de lo ocurrido a los normalistas e hizo suyo el reclamo callejero: “Ayotzinapa somos todos”. Como padre de familia, el presidente se dijo afectado y como ciudadano se unió a los reclamos de justicia.
(Fragmento del reportaje que se publica en la revista Proceso 1987, ya en circulación)

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